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Sergio Contreras deja al Verde tras 22 años: se va del partido que le dio poder, cargos y reflectores

Sergio Contreras no se va de vacío, pero tampoco se va con limpio: después de 22 años de vida en el Partido Verde Ecologista, el que ahora se despide es un exdirigente que se acostumbró a pasear el partido como patio de su casa, repartiendo regidurías, definiendo candidaturas y manejando el grupo parlamentario como si fuera su despacho privado. Su salida, anunciada en redes sociales y confirmada hoy por medios de Guanajuato, es menos una ruptura heroica y más la estampida de un cuadro que se niega a ser parte de un segundo puesto en el orden de la nueva dirigencia de Virginia “Kikís” Magaña.

Contreras no llega a estas alturas por casualidad: fue dirigente estatal, secretario general, regidor en León y luego coordinador de la bancada verde en el Congreso local, lugar desde el que consolidó un círculo de militantes y aliados que se alinearon con su figura y no tanto con el partido. Ese poder de fuego, que se tradujo en 30 y pico coordinaciones municipales y buenos resultados en 2024, también lo empujó a sentirse dueño del instituto, a tal punto que su relevo empezó a leerse como un ajuste de cuentas más que como una renovación orgánica.

Desde el exterior, el mensaje de Contreras suena edulcorado: “renuncia con responsabilidad, reflexión y convicción”, alegando que Guanajuato necesita “nuevos enfoques” distintos a los que promueven la actual dirigencia estatal. Pero entre líneas lo que late es otro cuento: un político que durante años se sustentó de la estructura, las alianzas y el dinero público del Verde ahora se marcha porque ya no puede usar el partido como trampolín y plataforma de negociación. Que grite que “seguirá trabajando por Guanajuato” suena correcto, pero también suena a la clásica promesa de quien ya quemó puente partidista y se queda con el nombre, el perfil y la percepción pública (nueva línea)

En lo político, la renuncia de Contreras no es solo un cambio de camisa: es el síntoma de un desprendimiento masivo de cuadros que no aceptan el proyecto de Kikís Magaña y que ya se mencionan incluso en columnas de prensa como “otros militantes alistan su salida” del Verde guanajuatense. El partido se queda sin representación real en el Congreso, con un aparato estatal fracturado y la imagen de un instituto que se ha especializado en jugar juego de relaciones personales, reparto de huesos y lealtades de conveniencia, antes que en construir una identidad política sólida. Y si el Cuate se va, el Verde se queda con el esqueleto; y si el Cuate se queda, entonces el que se queda huérfano es el partido.