En Morena Guanajuato, el debate real ya no está entre partidos, sino dentro del propio movimiento. A poco más de un año de que arranque formalmente el proceso electoral de 2027, el partido vive una etapa clave: la reconfiguración de grupos internos, la disputa por el control político y, sobre todo, la carrera silenciosa por sobrevivir.
Porque hoy, para muchos actores morenistas, el reto no es ganar elecciones, sino seguir vigentes dentro del partido.
El poder no se dispersa: se organiza en grupos
Aunque Morena se presenta como un movimiento plural, en la práctica su vida interna en Guanajuato se articula a partir de bloques de poder bien definidos, con liderazgos claros, influencia territorial y capacidad de negociación.
No se trata de ideologías, sino de estructuras.
El grupo Prieto: territorio y estructura legislativa
Uno de los núcleos más reconocibles es el grupo Prieto, con base en Salamanca y presencia sostenida en el Congreso local y federal. Su fuerza no está en el discurso, sino en la organización territorial y en la capacidad de operar políticamente desde espacios legislativos.
Este grupo ha demostrado que en Morena el control local sigue siendo moneda de cambio: quien domina un municipio clave, tiene voz en las negociaciones estatales.
El grupo Sheffield: proyección y vínculo nacional
El grupo de Ricardo Sheffield Padilla se distingue por su proyección nacional y por su cercanía con estructuras federales del movimiento. Aunque ha enfrentado resistencias internas, sigue siendo un referente inevitable cuando se habla de candidaturas mayores.
Aquí el capital político no es solo territorial, sino relacional: vínculos, interlocución y lectura del momento político.
El bloque de Emmanuel Reyes Carmona: articulación y control del discurso
Otro grupo que ha ganado peso es el que gira en torno al senador Emmanuel Reyes Carmona, con presencia mediática, capacidad de posicionamiento y una relación fluida con la dirigencia nacional.
Este bloque opera como puente político, capaz de articular agendas y de influir en decisiones internas sin necesidad de confrontación abierta.
Las alianzas móviles: sobrevivir sin grupo fijo
Además de los bloques visibles, existen alianzas coyunturales, integradas por alcaldes, diputados y cuadros medios que no responden a un liderazgo único, pero que se mueven estratégicamente según el momento.
Son actores que entienden que en Morena no basta con ganar una elección, sino con saber con quién estar en el momento correcto.
La política de la supervivencia: cargos hoy, futuro incierto
En este contexto, muchos funcionarios con cargos de elección popular —diputados locales, federales y alcaldes— ya no gobiernan pensando en su encargo actual, sino en el siguiente movimiento.
No es una carrera de ideas ni de propuestas. Es una carrera de cercanías.
La permanencia política dentro de Morena Guanajuato no depende tanto del desempeño, ni de la capacidad técnica o intelectual, sino del roce constante con los liderazgos que pesan. Estar cerca, aparecer en la foto correcta, guardar silencio cuando se debe y alinearse cuando se ordena.
El papel del árbitro interno
En medio de esta fragmentación, figuras como Jesús Ramírez Garibay se convierten en piezas clave. No necesariamente porque concentren todo el poder, sino porque operan como articuladores entre grupos que compiten, se toleran y se vigilan.
Su influencia no está en la boleta, sino en la estructura, en la disciplina interna y en la capacidad de mandar señales políticas sin necesidad de hacerlo públicamente.
Conclusiones: el riesgo no es la pluralidad, sino el silencio
Morena en Guanajuato enfrenta un dilema de fondo rumbo a 2027:
-Tiene múltiples liderazgos, pero carece de un proyecto común claro.
-Tiene cargos electos, pero el poder real se decide en espacios internos.
-Tiene discurso de transformación, pero reproduce lógicas clásicas de control político.
El verdadero riesgo no es que existan grupos. Eso es natural en cualquier partido grande. El riesgo es que la política de la supervivencia sustituya a la deliberación, y que el silencio sea más rentable que la crítica.
Porque cuando un partido empieza a premiar la cercanía por encima del mérito, deja de ser movimiento… y empieza a comportarse como sistema.
Y en Guanajuato, esa transición ya está en marcha.

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